La indefensión del agricultor

Los campesinos en nuestro país han sido víctimas de aquellos quienes, con el poder dado por la mayoría, juraron protegerlos. Sistemáticamente, los pequeños agricultores, aquellos en quienes se asienta mucho de nuestra identidad, han sufrido por políticas que, en vez de ayudarlos en su labor e incentivarlos a realizarla de una mejor forma para beneficio general, los desamparan y los impulsan forzosamente a formar parte de otro sector económico (o de ninguno). Luego, los políticos, siguiendo las directrices mundiales de los organismos económicos, determinan que el sector agrícola no es competitivo.
¡Oh gran conclusión!

Primero se les pone trabas y luego se les castiga. Ni se les dan las condiciones para que produzcan más eficientemente, ni se les protege para promover la colocación de los productos al mercado interno. ¡No, Dios guarde! Porque los “sabios” políticos saben que ahora lo importante es exportar. Y además, si producimos menos eficientemente entonces, lo más lógico es que importemos dichos productos, para que nos salga más barato. Con ese pensamiento, cientos de familias productoras de frijoles, papas, cebollas y ajos han tenido que jugársela, ya sea con otros productos, convirtiéndose en peones agrícolas, o lo más reciente, vendiendo sus preciadas fincas, por algunos dólares a empresas de mayor envergadura (y seguramente extranjeras).

¿Y en otros países cómo es la cosa? Pues los grandes países que impulsan los Tratados de Libre Comercio, y argumentan que éstos son los instrumentos óptimos para reducir la pobreza y la desigualdad, son los mismiticos que protegen a ultranza sus productos agrícolas y dan grandes subsidios a sus agricultores. ¡Qué ironía! ¡Qué descaro!

Mientras tanto, en nuestro país, los “ilustrados” políticos deciden que como el Consejo Nacional de Producción (CNP) no es rentable (principio que al parecer rige también la Política Social en Tiquicia) lo mejor es cerrarlo (!!!). Entonces, ahora resulta que nuestros agricultores no tienen ya a nadie que los asesore en términos de producción (el MAG trabaja el área de la asistencia técnica pero no se mete en asuntos de planificación o metas de producción). ¡Están más solos que nunca!

Actualmente, lo que pasa es que sube el precio mundial de la yuca y muchos agricultores ven ahí su salvación y empiezan a sembrar lo mismo. Lo que hacen es joderse unos a otros pues generan sobreproducción y precios extremadamente bajos, lo cual acrecienta los problemas financieros de las familias campesinas, abandonadas porque nadie les dijo, que unos sembraran yuca y otros caña, o naranja, o frijoles, etc. de acuerdo con estadísticas nacionales de producción. Al parecer, hay una visión de que eso no es importante y lo mejor es que los agricultores se la jueguen cada uno por su cuenta.

No nos extrañemos pues, que en algún tiempo estos mismos políticos, u otros (da lo mismo), salgan justificando aún más importaciones de productos que podemos cosechar aquí, nosotros, con lo que evitaríamos dinamizar las economías de familias que a como están las cosas, estarán destinadas a formar parte de los anillos de miseria en el Área Metropolitana o a tener como mínimo condiciones de vida en la zona rural, muy por debajo de las que tendrían si fuesen productores subsidiados por el Estado. Un Estado que hoy los obliga a cambiar una forma de ganarse la vida, que ha sido heredada y transmitida de una generación a otra y a través de la cual, han definido mucho de los rasgos de lo que hemos sido y somos hoy los costarricenses.

Pero eso a los “superdotados” políticos no les interesa, pues no son criterios de importancia en su visión de sociedad.

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