TLC: una pausa en el camino

Desde hace mucho tiempo vemos que hay una polarización respecto a este importante tema. Unos que alaban el tratado y otros que le criticamos. Hasta ahí todo bien, después de todo es normal en una democracia pensar distinto, ¿o no?

Pues ahora, muchos sentimos que se sataniza las posiciones para los dos lados.

Unos son unos vendepatrias que harán su negocio aunque el resto se vaya a un hueco, pero por qué no pensar que hay muchos proTLC que creen que el comercio libre por fin traerá beneficios o que sería mejor TLC aunque malo a nada, o no sé otras posiciones entre las muchas que las hay a favor y todas ellas imagino pensando en el bienestar común.

Los otros son comunistas idiotas y cerrados que desean que el comercio entre países no exista y que los EEUU se vayan al carajo, personas ligadas a sindicatos, vagabundos, defendiendo privilegios de sus trabajos en el sector público o jóvenes queriendo figurar por rebeldes, pero por qué no pensar en un grupo muy heterogéneo de personas pensantes, interesadas también en el país y que opinan que el TLC no favorece para nada un interés común y solo beneficia a algunos poderosos empresarios, o quienes vean el TLC como un arma que terminará por dañar al ya maltratado medio ambiente, o no sé muchas opciones del grupo antiTLC.

El problema es que los medios poderosos ayudan a fortalecer estos prejuicios, y pienso, más que todo contra los que se oponen al tratado. Otros medios menos poderosos, pero no menos inteligentes, dan o promueven a su manera las ideas contra el afamado acuerdo comercial. El punto es que los medios no son lo imparciales que nuestra democracia necesita. Están tirados para un lado o para el otro, repito, pienso y es muy obvio que los de más poder están promoviendo la aprobación.

Esta cuestión agranda el problema y las voces se oyen cada vez más fuertes. Hay una sensación de que algo grande y violento se acerca. Julia lo escribió muy bien en su diario. Y ahí le comentábamos: ¿por qué nuestro presidente, que tanto gusta aparecer en medios nacionales e internacionales, no intenta parar esta creciente lucha promoviendo un alto en el camino y un replanteamiento de las decisiones populares? ¿Por qué no apaciguar las fuerzas y ánimos exaltados con una propuesta al diálogo que tanto menciona? ¿Por qué no convencer a la mayoría de opositores al TLC de que nos conviene porque es bueno? ¿Por qué no detener todo y decir: qué piensan, qué debemos hacer, cómo hacemos para no afectar a la gente que dice ser afectada? ¿Por qué no materializar esa imagen de pacifista demostrando ahora que puede liderar a un pueblo hoy desunido por un tema tan importante?

Esperemos que el presidente decida buscar el camino de la paz y del diálogo que tanto le oímos decir en sus discursos. Como dijo Mi Reina: “¿por qué tanta premura…nada, nada vale la violencia…¿para qué desarrollo sin paz?”