Conversaciones con: doña Cristina

– No ve que a F. le había regalado un avión cuando era carajillo -dijo Ña Cristina como para empezar otro tema de una larga conversación que sostuvimos.

– ¿Un avión?¿Cómo era? -inquirí medio chismosamente.

– Diay era de plástico. Se amarraba del techo porque tenía una varilla y usted le apretaba una cosa para que empezara a dar vueltas -describió mientras dibujaba con las manos el movimiento del aparato.

– ¿Así como en círculos o cómo? -dije, a la vez que gesticulaba.

– Sí, sí, así -dijo, mientras movía con más vigor sus manos para aclarar mi inocente pregunta.

– Ah, ¿y le gustaba mucho el avioncillo? -proseguí con la ingenuidad de un niño preguntón.

– ¡Seguro que no! -señaló, contundentemente.

– ¡Qué elegante! -indiqué, con una frase muy de ahora.

– Diay, pasaba horas de horas y muy entretenido viendo moverse el avioncito -añadió Ña Cristina con nostalgia.

– Diay y lo cuidaba mucho imagino -sumé demostrando un gran conocimiento de los asuntos cotidianos de un niño palmareño.

– ¡Claro! Hasta el día que llegaron esas visitas familia mía -apuntó de un modo agresivo.

– ¿Qué pasó? -seguí, fisgoneando.

– Diay, que llegaron a la casa y F. no estaba y cuando se fueron ni me di cuenta ¡que se habían llevado el avión! -dijo, expresando aún el reproche hacia los ladrones.

– ¿De la misma familia y le robaron el avión a F.? -dije incrédulo, repitiendo lo dicho por doña Cristina para asegurarme que era cierto lo que escuché.

– ¡Qué malos! Pa’mi que fue el primo; el de la misma edad que F. -resolvió, luego de analizar por un momento a los parientes sospechosos.

– Y F. estaba hecho leña supongo -fue lo único que supe decir.

– ¡Totalmente! Si era el juguete favorito imagínese como iba a estar -aclaró, dándome la razón.

– ¡Pobrecillo! Qué agüevao cuando al juguete que más le gustaba a uno le pasaba algo…bueno ¿y que hicieron? -inquirí, para no desviar el tema que ya resultaba interesante.

– Diay no. Yo no quería nada con ellos así que no les dije nada. No les reclamé. Lo que sí hice fue decirle algo a F. sobre el avión -apuntó, con una mezcla de verguenza y humor en el rostro.

– ¿Qué fue? -pregunté casi de inmediato, ansioso de conocer la respuesta.

– F. estaba llorando, entonces le expliqué que el avión ya había crecido, ya era adulto y que cuando vio que pasó un avión muy grande por la casa, quiso seguirlo, alzó vuelo y se fue detrás de él -concluyó, dejándome sin habla.