Nombre de camiones

Cuando me pongo a pensar si los camioneros me caen bien o mal el asunto está más tirado hacia el bien. Los que me caen mal son los que se creen dueños de la calle y le tiran a uno el camión hasta en las curvas.

Pero la gran mayoría son maes pulseadores que deben bretear durísimo pa’ganar su sustento. Antes, cuando el combustible no era tan caro, resultaba en un negocio más bueno que ahora, en tiempos donde el petróleo ronda la teja de dólares por barril. Aún más difícil cuando sabemos que a los choferes no se les paga bien por sus extensas y agotadoras jornadas de trabajo. Los dueños de los camiones, muchas veces no choferes, son los que se llevan la mayor tajada.

Pero bueno…una particularidad de ellos es toda la subcultura que les rodea. Los camiones, sus colores, sus calcas, su música, sus programas de radio, su léxico y sus tatuajes. Todo muy singular, pero lo que más me llama la atención son los nombres que le encaraman a sus máquinas, sin duda muy preciadas para ellos, tanto como la pala pal agricultor y la laptop pal ejecutivo.

Se me viene a la jupa “Lulú” del famoso Mono Valenciano en CQ o aquel de los que picaban en la Guácima como la “Maria Seca”, que tenía por costumbre ganar.

Hace poco vi un nombre muy vacilón, que me capturó por su gran originalidad. No era un camión de esos nuevos y lujosos. Más bien se trataba de esos camiones ya bien trajineados, de esos que han rodado por años y por caminos bastante malitos.

Se trata del “Ronpe Corasones”, un camión único y cuyo dueño, imagino, habrá disfrutado bastante pa’jalar a algunas féminas que se habrán derretido ante el sonido del motor y el galanazo calidá que intrépidamente lo maneja a placer.

Como dice el gremio de los camioneros, ese nombre está “solo bueno”.