País de paz

Las cosas están bastante crispadas en nuestro pacífico país. Nuestro premio Nobel lo sabe muy bien y como pésimo pacifista ha mandado a equipar más a la Fuerza Pública.

La paz con la naturaleza, aunque sea solo en papel, es quizá lo más pacífico que hay en estos días.

La prensa, especialmente el Grupo Nación, achaca la violencia a los grupos opositores de los “cambios que el país necesita”; para este medio los culpables siempre son otros y más si esos otros no son estrictamente sus amigos.

El Estado de la Nación, que no el periódico, dice que la brecha social aumenta, mientras que el Gobierno está de fiesta porque hay menos pobreza (!?) Las manifestaciones contra la forma en que Arias maneja a placer el país son, para él, delitos, por eso llena de policías Zapote y Cuesta de Moras. Ahora además, se trata de policías camarógrafos; algunos incluso con pulseritas blancas.

Decir que las cosas están mal no es permitido y mediáticamente es totalmente antisistema, es pura subversión.

Las cosas alcanzan niveles preocupantes. Hoy ocurrió algo grave en Alajuela. Muchos de los involucrados, miembros de la Doce, son personas víctimas de un sistema excluyente. Muchos son pobres, de familias desintegradas, desertores del sistema educativo: todo ello una suma de ingredientes explosivos. Hoy hubo mucha violencia y sangre corrió, de la Doce y de la Fuerza Pública.

Es triste ver cómo se juega con la gente. Ellos tienen culpa claro está, pero también mucho de su condición como barra o pandilla o lo que sea, tiene que ver con la condición de vida y las pocas oportunidades que muchos de ellos tienen.

Es triste ver cómo se juega con la gente. Escucharemos en los próximos días, la clásica perorata de lo pésimo de las barras bravas, de imperdirles el ingreso a los estadios, de castigarlos, de ver las barras como lo peor, de las maras y su ingreso a Costa Rica, etc. Pero lo que no veremos, es una análisis de los medios sobre como ellos mismos han contribuido a generar una sociedad excluyente y violenta como la que tenemos hoy en día.

Es triste ver cómo se juega con la gente.