Tierra roja

Ya terminó diciembre, mes de carreras, de fiestas, de comilonas y de compartir con gente que uno aprecia y necesita. Para algunos sigue siendo un mes más, con los mismos problemas y las mismas carencias de un mundo que no les ofrece lo mejor.
Hoy 37 de diciembre, último día de mis vacaciones, doy gracias a la gente con la que he pasado un tiempo increíble. Y gracias infinitas a Dios porque me ha dado la dicha de conocer gente de mucho valor humano, más allá de los defectos que cualquiera pueda tener.

Ahora, en enero, empieza la misma lucha de siempre. Emprender el camino que nos toca seguir, esperamos, con la misma fuerza o más que el año recién concluido.

Nos toca un año de mucho trabajo y de mucha pulseada. Vamos de vuelta a la tierra roja de los pueblos olvidados del norte de Costa Rica, donde los niños andan en caminos de barro para llegar a la escuela y donde el agua se enturbia en invierno y escasea en verano.

Ojalá este 2008, los políticos y la gente de esos pueblos, junto al esfuerzo de muchos, la pulseemos para ver si podemos mejorar la condición de muchas personas que merecen vivir un mundo mejor.

Mañana habrá que ponerse las tenis de nuevo…