Un llamado a la calma

arelys2Hoy murió Arelys. Toda la vida vivió en la casa de mi abuela Rosa, incluso después de que su madre Marta, había vivido y muerto allí mismo.

Muy temerosa de los temblores, pasó por momentos de nerviosismo ayer (12-01-2009) con el temblor de las 9:40pm, que se sintió de moderado a fuerte acá en Ciudad Quesada. Solo segundos después del sismo, se fue la luz por unos instantes. Yo imagino que ella sintió mucho temor y así trató de dormir.

Con el temblor de las 5 am (13-01-2009), que fue fuerte, pero bastante corto, muchos despertamos. Ayer le dije a mi madre que tuviese el teléfono cerca por si pasaba algo. Solo unos instantes después del sismo, sonó el teléfono. Mi tía nos contó que a Arelys le había pasado algo y estaba en la cama, sin reaccionar.

Yo llegué y la vi tendida. Intenté echar su cabeza para atrás para abrirle la vía de respiración mientras llegaba la ambulancia. Le hablaba pero no respondía. Tomé el pulso en la muñeca y el cuello y sentía algo. Podía ser yo mismo, pensé, como lo fue finalmente. Me lamenté no haber sabido de RCP o algo que me hiciera ayudarle. Pregunté si la habían hecho oler alcohol por si había sido solo un desmayo, pero mis tíos me dijeron que si. En eso, llegó el paramédico, tomó el pulso, revisó con el estetoscopio y luego confirmó las sospechas.

Arelys murió. La causa de muerte está por conocer, pero creemos que la impresión del sismo de la madrugada pudo generar en ella el pánico y luego lo que pasó.

Fue una experiencia que quiero olvidar. No pude hacer mucho, solo tranquilizar a mi tía una vez confirmada la lamentable noticia. En estos momentos estamos a la espera del cuerpo para la vela. La sorpresa es abrumadora. Es increíble que una persona joven, de la que no recuerdo ningún padecimiento del corazón, haya fallecido en estas circunstancias. Mañana será el funeral.

Hay que hacer algo para evitar caer en pánico colectivo, en una región en la que los desastres socio-naturales son cosa muy rara. Es necesario de inmediato hacer algo para llamar a una calma, no pasiva, sino una en la que todos comprendamos que debemos estar alertas, pero no llegar al pánico que repitiría la historia en otra familia.

Dios quiera que nadie más muera por pánico.