Doña Nora

Abuela era aficionada a la lotería. Recuerdo verla pegada al radio para saber si ganó algo. Iba a Ciudad Quesada los domingos a probar suerte en el bingo de la Cruz Roja. Me parece ayer, cuando la veía con sus vestidos, collares, sombrilla y abrigo a tomar el bus para probar suerte en “la Villa”.

Sus viajes al bingo, los combinaba con frecuencia con las visitas al hospital. Siempre había alguien a quien acompañar en momentos de enfermedad y ella está en total disposición de ser una compañía solidaria. Lo mismo en el caso de las muertes de conocidos. No recuerdo a alguien que fuese a tantos funerales con tanta religiosidad como abuela.

Su corazón fue manudo. Cada partido lo seguía como podía. Hubo un tiempo en que aprovechaba que la Liga venía a San Carlos, para ir con su vestido rojinegro al Carlos Ugalde. Ver un partido con abuela era toda una experiencia. Su amor por el fútbol fue mucho más fuerte que por la política, pero ésta también figuró entre sus pasiones.

Doña Nora era como la gente llamaba a Dinorah Córdoba, una sancarleña de cepa. Nació en La Marina en 1932. Allí vivió sus 78 años. Trabajó gran parte de su vida alimentando a la gente en su propia casa. Vivir  en un pueblo con muchos trabajadores de fincas y frente a un aserradero, convertía un salón contiguo a su vivienda, en buen lugar para vender comida. Su casa fue, es y será siempre una casa de puertas abiertas. Cientos, quizá miles de personas le visitaron, hablaron y comieron con ella.

Desde los 41 años quedó viuda, y en esa condición terminó de criar a sus 8 hijos de quienes recibió 24 nietos y 20 bisnietos.

La familia entera agradece a todas aquellas personas que nos acompañaron durante este proceso con abuela Nora, aquellas que la visitaron en el hospital, los que la tenían en sus oraciones y quienes nos acompañan hoy en su despedida.

Abuela queda en cada uno de nosotros y ahora descansa en paz.

Leído en funeral de abuela Nora. La Marina de San Carlos. (30/01/2010)

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