Desastre minero en Perú: advertencia para Crucitas

Las empresas mineras se venden como generadoras de empleo y de atracción de inversiones, en otras palabras, de desarrollo para comunidades generalmente en condiciones de rezago social y deteriorada o inexistente infraestructura educativa, de salud y de servicios. Es algo generalizado y lo vemos, más cercano a nuestra realidad con la discusión sobre el Proyecto Minero Crucitas (PMC).

No obstante, el desarrollo que venden las empresas mineras, no puede borrar, ni ocultar, ni engañar –por más publicidad que ponga en los medios, en la red y en los buses– el inmenso riesgo ambiental que trae una actividad extractiva a gran escala. El riesgo es latente y ninguna pauta multimillonaria, ni la presión en el ámbito político puede negarlo, ni mucho menos ninguna gestión de Relaciones Públicas o de una falsa Responsabilidad Social, filosofía tan noble pero tantas veces prostituida.

Para muestra del gravísimo riesgo, los opositores al PMC han presentado sus razones y las respectivas pruebas a la Sala IV, y ahora al Tribunal Contencioso Administrativo, así como la divulgada ampliamente de boca en boca o vía Internet. Los riesgos son tan grandes que así lo entiende perfectamente la sociedad costarricense, cuyo balance general, de una gran mayoría dice que no quiere ese tipo de desarrollo.

En Perú, el riesgo pasó a realidad. La actividad de la empresa minera Caudalosa Chica, que extrae cobre, plata y zinc en la provincia de Huancavelica, acaba de provocar un gigantesco daño ambiental. La presa de una laguna de relaves cedió, causando con ello el desplazamiento de líquidos altamente contaminantes a las aguas del Río Opamayo. El desastre ya ha sido reportado ampliamente en los medios de comunicación peruanos y relata como la vida acuática muere con el paso de las aguas provenientes de la mina.

Mucho se ha hablado del enorme riesgo de que el PMC en el norte de Costa Rica pueda provocar, en un evento similar, la contaminación del Río San Juan, limítrofe con Nicaragua y que no pocos conflictos binacionales ha causado. Por si los hechos en Perú no son suficientes para alarmarnos, nos podemos remitir al desastre de hace apenas 2 años en la Mina Bellavista, una “mina modelo” en Costa Rica (¿minería a la tica?).

Otra muestra, otra realidad, otra vivencia del por qué el PMC no es santo de la devoción de la mayoría de costarricenses. ¿Queremos que se repita la lamentable noticia de Huancavelica en nuestro país?

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