Agua de Ciudad Quesada: enseñanzas del brote de diarrea

La situación que aconteció en Ciudad Quesada desde el miércoles en la noche, en la que decenas de personas abarrotaron los servicios de salud debido al brote de diarrea y vómitos, además del tema de salud pública nos llama a reflexionar sobre el inmenso, complejo y primordial tema del recurso hídrico.

Sin saber a ciencia cierta, a la hora en que se escriben estas líneas, si el estado del agua es el causante o no de los casos de diarrea, creemos necesario analizar la forma en que los sancarleños vemos al “agua”.

Junto al Volcán Platanar, parte del Parque Nacional del Agua, Ciudad Quesada se yergue como el principal centro de población de la Región Huetar Norte. Cerca de 45mil personas viven en Ciudad Quesada según uno de los doctores ampliamente entrevistados hoy por los medios locales, y 39mil según el vocero de la Municipalidad. Sea correcta una u otra, lo cierto es que se trata de mucha gente y para ello, el acueducto municipal debe tener unas fuentes muy bondadosas y de buena calidad.

Por suerte, las tenemos. Varias son las nacientes que alimentan el acueducto. ¡No era para menos teniendo semejante fábrica de agua! Por años, las personas de Ciudad Quesada hemos ostentado que una de nuestras principales riquezas es precisamente la abundante y purísima agua sancarleña. Para nuestro pesar, y para usar dos frases cliché al describir lo que ha pasado, nos hemos dormido en los laureles y vivimos de glorias pasadas. En síntesis, hemos seguido cacareando de “nuestra excelente agua, que no sabe a cloro como la de San José y que siempre está limpia”; y mientras decimos todo eso, hemos descuidado como nunca su protección y hemos sido ineficientes para asegurar su abastecimiento.

Vemos con temor como las zonas de amortiguamiento del Parque Nacional, sucumben con facilidad frente a la construcción de grandes casas; tan grandes que se ven desde la ciudad. La visión de un Parque Nacional como lugar intocable que se protege solo, es tan frágil como lo es verdaderamente el área a su alrededor. Tenemos que entender que tan importante como proteger el santuario natural del Juan Castro Blanco, es nuestra tarea de conservar las zonas de amortiguamiento con el menor impacto posible por actividades humanas. La naciente es el lugar donde brota el agua, pero es apenas por donde sale a la superficie. El agua proviene de otro sitio, más arriba, el cual, con mayor razón, hay que mantener vigilado y protegido, y ese es un deber que no estamos cumpliendo.

Creemos urgente respetar al máximo toda el área de amortiguamiento del Parque para evitar que de a poco, la extracción de plantas, las construcciones y demás actividades humanas sigan avanzando hasta quedar al límite con el Parque mismo, situación de por sí inimaginable en términos de lo destructivo que podría llegar a ser ese indeseable escenario.

Del mismo modo, vemos imperioso que se respeten al máximo las áreas cerca de las tomas de agua, incluyendo la prohibición para que se den más movimientos de tierra y construcciones cercanas que puedan afectar el abastecimiento y calidad del agua. Estamos hablando que está en riesgo el líquido para más de 40 mil personas. Acá no se trata de valer los derechos individuales cuando se pone en vilo el acceso del preciado líquido a la colectividad.

El tema del acueducto es todo un tema. La calidad y la seguridad de los tanques, la calidad de las tuberías, la capacidad de abastecer a una ciudad cuya expansión territorial presiona a un mayor consumo. ¿Sabemos en Ciudad Quesada la situación en la que estamos? ¿Somos concientes de que es un tema delicado?

Otro elemento importante es el llamado de atención que nos dan los recientes acontecimientos respecto a la realidad de otros sancarleños. Ciudad Quesada tiene todos los servicios y comodidades que por desgracia escasean o son del todo inexistentes en muchos sitios del cantón. La crisis del agua en Coopevega, solo para mencionar un caso, debe llamarnos a cuentas sobre la importancia que debemos concederle al agua. Una baño de realidad quizá nos haga volver los ojos a sancarleños que no tienen nuestras comodidades. También un jalón de orejas al Gobierno Local y al Central por descuidar históricamente estos sitios y los servicios que merecen tanto como nosotros.

Es deber de todos enterarnos y pedir información a las autoridades correspondientes. Es nuestro deber como consumidores saber utilizar bien cada gota que llega a nuestros hogares, pagar a tiempo los recibos y apoyar cualquier campaña de protección de nacientes, de reforestación o regeneración; de entre todos hacer algo para que el servicio sea bueno; de denunciar actividades contaminantes; de respaldar organizaciones Bandera Azul Ecológica como la de San Juan y San Vicente, ambas vecinas del Parque; de exigir a las autoridades municipales el respeto de la ley y un servicio de calidad. Son muchas las formas en que podemos ayudar a seguir orgullosos de nuestra agua.

Esto no es asunto de otros. No le echemos toda la carga a los ambientalistas, como suele ser el discurso de delegar en otros lo que es obligación de todos proteger. Ciudad Quesada no es la Villa, es un sitio que crece y que así como se expande, debería en similar proporción, proteger el recurso hídrico que consume y mejorar en otro tanto el acueducto y sus líneas de distribución.

¿Lo hemos hecho? Está muy claro que es una tarea que todos hemos dejado pasar. La vieja enseñanza de que el agua es un recurso inagotable nos ha ganado todos estos años. Nos hemos estancado. Es hora de moverse, de mejorar, de actuar…