Planes reguladores: promoción del orden y la convivencia

Las ciudades crecen, la selva de concreto le roba espacio a la selva de verdad, la presión por conservar los bosques y la presión por crear riqueza: este es el contexto actual, una puja  que genera un desarrollo descontrolado y un creciente conflicto social. La sociedad discute la dicotomía  entre  ambiente y desarrollo, como si ambas fuesen mutuamente excluyentes. El eterno dilema del desarrollo versus la conservación; la interminable búsqueda de la sostenibilidad.

El estira y encoge por una u otra posición conforman los diferentes conflictos socioambientales, que no es extraño que se den más ahora que en el pasado. En medio de todo, una visión-país no definida  frente a lo que se da en la realidad. Instituciones rectoras con poca incidencia y unos tribunales cada vez más llenos de trabajo por estas disputas. ¿Hasta dónde llegará este choque de fuerzas?

Presión por las fuentes de agua, caos vial, débil infraestructura recreativa,  creciente existencia de populosos barrios marginales, construcciones en zonas no aptas, deslizamientos de tierra, usos inapropiados de la tierra, entre otros, son parte de la problemática actual provocada por el crecimiento desordenado, la complicidad de las autoridades competentes y la carencia de una visión de desarrollo integral.

En este panorama los Planes de Ordenamiento Territorial vienen a arrojar una luz de esperanza. Pensados como estudios para un adecuado uso del suelo, un buen proceso de elaboración, discusión, aprobación y ejecución de los Planes Reguladores (PR) logrará la gestión más cercana al ideal de un territorio con desarrollo planificado.

Geoaptitud, edafoaptitud, antropoptitud y bioaptitud son las variables que contemplan los Índices de Fragilidad Ambiental, que a su vez, determinan la zonificación que las Municipalidades hacen para establecer si determinadas áreas pueden dedicarse a la industria, al comercio, a las residencias, o bien, a la producción agropecuaria. Cada PR es elaborado desde una visión holística del territorio que considera la geología, los suelos, las actividades humanas y la riqueza natural.  La visión actual, en la que no hay PR o en los que no son aplicados allí donde existen, se  enfoca solamente en una de dichas variables, la humana, razón por la cual  se originan conflictos por la no inclusión de otras variables en el uso de los espacios.

Los PR serán una mejor forma de que los Gobiernos Locales regulen su crecimiento. Aun así, no garantizan la inexistencia futura de conflictos por uso del territorio. Para ello, la elaboración de los PR debe darse en el más amplio espectro de la calidad profesional de sus investigadores, así como en la máxima transparencia posible de las Municipalidades. Todo esto, de la mano con la total apertura a la consulta y participación de la ciudadanía, la cual es la que al final asumirá en su cotidianidad lo que de allí resulte.

Evitar las actividades humanas en zonas inadecuadas, promover espacios urbanos más ordenados al separar las zonas de industria y las áreas de residencias, la generación de espacios de recreación, las acciones para tener una verdadera funcionalidad de las rutas de transporte, ubicar las actividades agrícolas en áreas de suelos idóneos, la protección de las nacientes y las zonas de recarga acuífera, etc., son medidas que bien pueden ser lideradas por un PR. De darse, garantizamos que se puedan dar las condiciones para tener cantones -y ciudades- más saludables, ordenadas y sostenibles; los recursos naturales primordiales protegidos y la generación de lugares más dignos para vivir. Ordenamiento territorial es también una cuestión de mejorar nuestra condición de vida, de buscar la sostenibilidad y de mantener el derechos a vivir en forma digna.

Planes Reguladores de calidad: compromiso compartido

Estudios técnicos completos elaborados por profesionales competentes, transparencia política  y participación de la sociedad civil son los pilares para que el PR tenga éxito. Ningún PR será eficiente sin poseer estas tres condiciones esenciales.

El compromiso de los investigadores debe ser orientado hacia la excelencia profesional y ética de su labor, para tener un producto de calidad y no influenciado por intereses políticos.

La tarea de los Gobiernos Locales debe ser la de supervisar el adecuado trabajo de quienes elaboran los estudios técnicos, acompañar el proceso con información y trabajo de sus profesionales, así como de facilitar la convocatoria ciudadana. Además, la cuestión de invertir en PR debe ser prioridad, y debería crearse un rubro obligatorio en la conformación del presupuesto anual y en los Planes Anuales Operativos.

Nuestra tarea como ciudadanos debe ser informarnos y participar de los talleres de los PR. Asistir a las reuniones y dar nuestras opiniones sobre el uso que debe darse del espacio.

Si se dan las tres condiciones, tendremos PR de calidad, y bajaremos el conflicto social por el uso del territorio, que de momento, se nos está yendo de las manos.

+ la imagen corresponde al Plan Regulador de Montes de Oca. Mapa elaborado por ProDUS