El río La Vieja: una señal de tiempos extremos

El río La Vieja es muy conocido por la gente de San Carlos y sus visitantes, especialmente por el famoso puente de La Vieja, donde Zarcero termina y da paso al cantón más extenso del país.

El río nace en las tierras sagradas del Parque Nacional del Agua. En su niñez pasa cerca de San José de la Montaña e inicia el camino hacia la gran llanura. En su estrepitosa caída se escurre por entre montañas, en lo que conocemos como el puente de La Vieja. Una vez superado este quebrado trayecto, ve pasar a su izquierda a Buena Vista y saluda luego a la comunidad de Ron Ron. Ya en su etapa de juventud llega al pueblo que da origen a su nombre y luego prosigue entre Santa Clara y Cuestillas.

Adulto, se une al Río Peje, cerca de Peje Viejo, para juntos, allí no más, compartir la etapa final de su vida, sobre el San Carlos.

¡Cuanto no desearíamos que el río La Vieja estuviese lleno de vida y sirviendo de puente natural entre la parte alta y la baja del cantón! Lastimosamente en las últimas semanas, hemos sido testigos de cómo su caudal disminuye considerablemente durante ciertas horas del día. Personalmente, no conozco el río más allá de lo que se puede observar en los pasos por los puentes, pero según algunos vecinos del río, la razón de la merma del caudal es un proyecto hidroeléctrico cuya la represa le retiene aguas arriba.

Se debe hacer un esfuerzo mayor para analizar y encontrar la forma en que exista un balance real entre producción y respeto por los recursos. Hay que respetar un caudal mínimo para que se garantice la vida en el río y, sin conocer con detalle la materia más técnica de cuánto puede ser ese caudal, a simple vista parece que la cosa no anda bien.

A puro ojo, acá el caudal ecológico es un chiste. El río La Vieja en la entrada a Cuestillas es, si acaso un caño. Apenas y se ve pasar agua por allí, en un paisaje completamente desolador que roba cualquier esperanza sobre el discurso de la conservación y la sostenibilidad. Es una imagen chocante y que contrasta con la fuerza arrolladora del río en noviembre pasado, cuando el río, brutalmente, lavó parte del puente y de la carretera.

El Río La Vieja es testigo de lo cambiante de esta época, un momento de extremos en términos climáticos y en la relación producción-naturaleza. A finales del año pasado casi se desborda, y hoy, en plena etapa de transición a época lluviosa, el río parece que muere en forma prematura, a pocos kilómetros del santuario de agua donde nació.

Río La Vieja en entrada a Cuestillas de Florencia