San Carlos ya es como Chepe

Terminaba la década de los noventa y este servidor se fue a vivir a San José para asistir a la Universidad. Todo un paso en la vida de un sancarleño acostumbrado a la tranquilidad de una ciudad que apenas dejaba de ser un pueblo grande.

Es normal entre los padres de estas latitudes, poner resistencia a que sus hijos dejen la zona norte, para migrar hacia la capital en busca de oportunidades de estudio. Hay un miedo cuasi-generalizado de los padres para sopesar en la balanza los beneficios de asistir a estudios superiores frente al peligro que conlleva vivir en Chepe. La delincuencia, en ese entonces, era poco común en la tierra norteña.

Una década después, Ciudad Quesada se ha convertido de a poco, en un Chepe chiquitico. En pleno 2011 ya vemos barrios marginales alrededor de la ciudad y bautizada, al igual que en San José, con nombres de personajes del poder político y económico de un territorio. El “precario Meco”, remite su nombre al opulento ganadero sancarleño que fue conocido por la riqueza que poseyó.

Caminar por las calles de Quesada era algo relajante. Tránsito fluido, no había semáforos, ni rápidos ni furiosos. No había tantos “peajes de teja” en cada esquina del centro de la ciudad. Antes, solo uno que otro famoso personaje pedía tejtas o medias tejitas, pero de ahí no pasaba. Hoy es todo un reto caminar en CQ, en especial de noche y en ciertos barrios donde ya no es raro escuchar historias de asaltos con arma blanca e incluso, con arma de fuego. Ahora San Carlos vive los días que viví en Chepe a inicios del 2000.

Un asalto era algo inusual. Salir a comer o a bailar y regresar a pie a la casa era algo normal y para nada peligroso. La tranquilidad del estudiante de la GAM al llegar a San Carlos era habitual. Al venir en bus, pasando el puente de La Vieja sentíamos la bienvenida y la paz que la semana josefina nos robó. Hoy, eso ya no es más. Ahora tenemos los mismos hábitos capitalinos de estar vigilantes en la casa y en la calle, un comportamiento a la defensiva basado en la desconfianza y en el prejuicio de que cualquier persona es un asaltante en potencia; así pensamos hoy. Salir y regresar a casa a pie, es un sueño no cumplido, o al menos, muy arriesgado. Es asalto casi seguro.

Ahora hay mucha más droga. Mucha más. También debe haber más consumidores, pero además de ellos, nos hemos convertido en una ruta de paso hacia el norte. Que yo recuerde aquellos años y me traslade de inmediato a la actualidad, no veo un cambio sustancial en la cantidad de policías. Es más, no veo cambio alguno.

Ya suceden asesinatos con más frecuencia. Antes, un homicidio significaba un golpe tremendo al sentir de la ciudadanía. Era un tema que causaba un pesar generalizado y la gente no dejaba que el tema durara 3 días. Hoy hay más asesinatos no solo en Quesada sino en toda la Región Huetar Norte, y la sensación popular es que ahora, son cosas comunes, normales, corrientes, cotidianas. Estamos llegando al peligroso punto de la indiferencia.

Cuando viví en San José imaginaba que en San Carlos no pasarían estas cosas porque la gente, habituada a la una convivencia tranquila y sin sobresaltos, reaccionaría ante pequeños cambios hacia la dirección de una ciudad insegura. Me equivoqué. San Carlos entró en una fase de ciudad, donde el crimen ha tomado un lugar importante y ante lo cual, la población por indiferencia o impotencia, dejó pasar. Las comunidades no tomamos las medidas que debimos tomar y la reacción del Gobierno Local nunca llegó. Ya somos como Chepe.

Hemos sabido de asaltos cerca del INA, en Barrio San Antonio, por el EBAIS, en Barrio Hogar de Ancianos. Se robaron el cableado de la plaza de futbol de Buena Vista y hasta de San Vicente. Los supermercados se llenaron de cámaras de vigilancia ante la ola de casos de mercadería que algunos clientes se llevan sin pagar. El centro de la ciudad también se llenó de cámaras. Las puñaladas se siguen dando. Y mientras, nosotros seguimos leyendo todo esto en la prensa y la reacción no llega.

Creemos mucho en poner a trabajar los comités de Seguridad Comunitaria, pero eso no resuelve el problema de fondo. Estamos metidos en un problema que se agrava con el paso del tiempo y ante el cual, seguimos de brazos cruzados.

¿Qué hacemos josefinos sancarleños?