La naturaleza no tiene la culpa

Cerro Platanar, Parque Nacional Juan Castro Blanco.

Foto de Jairo Miranda

 ¿Por qué culpar a la naturaleza de la escasez de agua potable en Ciudad Quesada?

El Alcalde Alfredo Córdoba, en declaraciones a medios de comunicación, indicó que el faltante de agua se debe principalmente a la naturaleza, en clara alusión a la merma en las lluvias en lo que va del año. Días después, comunicó que varios sismos provocaron que brote agua fuera del tanque de captación y que dicho líquido no se condujo a las tuberías de distribución.

Pocas lluvias y sismos son los “culpables” de que escasee el agua y que obligan al municipio a realizar los nada gratos racionamientos, en una ciudad que históricamente ha gozado del privilegio de contar con abundancia del preciado líquido. La noticia de que racionarían el servicio mientras se llenan los tanques no cayó nadie bien a la población quien experimenta con ironía de los cortes de agua en un sitio ubicado en las faldas de una de las montañas que produce más agua en el país.

La cadena de desaciertos no acabó al endilgarle a la naturaleza la razón del faltante de agua. Tras de eso, la poca agua que hay, es desperdiciada “inmisericordemente” por los ciudadanos. Al menos eso quiso dar a entender el ayuntamiento a través una publicación a través de su cuenta en Facebook.

Desde el viernes anterior que se empezó con los cortes programados, los barrios a los que no se les iba a suspender el servicio de agua, empezaron a consumir irracionalmente este preciado líquido, provocando que los tanques de almacenamiento queden vacíos desde tempranas horas y tarden más en volver a llenarse, sobretodo en los barrios al sur de la ciudad.

Sin del todo reprobar dicha frase, puesto que bien podríamos mejorar enormente la forma en que consumimos el agua, consideramos un completo desacierto y además una desfachatez, echarle la culpa a la gente en momentos cuando ésta más bien, reclama que no puede preparar sus alimentos ni atender otras necesidades básicas en sus casas y lugares de trabajo. Decir que esto es culpa de la población es quitarse el tiro como si no tuviese el problema una raíz profunda en una sucesiva cadena de errores y omisiones motivados por falta de interés, de liderazgo y de planificación.

Más allá de que la sequía, los temblores o de los ciudadanos, hay una enorme cuota de responsabilidad de la Municipalidad de San Carlos. Con años de años con la misma administración, resulta inconcebible como un tema como el del abastecimiento del recurso hídrico haya sido tan relegado y subvalorado. No sólo las constantes fallas en una oxidada y obsoleta tubería, sino la falta de previsión sobre el crecimiento del consumo han sido algunas señales de la falta de interés: el hecho de conceder permisos de construcción en el área de amortiguamiento del Parque Juan Castro Blanco, y junto a ello, la desatención y desprotección de las zonas de recarga acuífera son las acciones que mejor explican el problema actual.

No basta con mantener reforestada y sin movimientos de tierra los 100 o 200 metros de radio en donde se ubican las nacientes. Si bien esto es una regulación adoptada -y necesaria- lo más importante es identificar las zonas de recarga, esos sitios donde el agua naturalmente fluye de la superficie al suelo y que lentamente se canaliza al acuífero que luego brota en la naciente. Esa parte, la más importante, es la que se ha descuidado.

Por las acciones mencionadas y por las desafortunadas declaraciones de los últimos días, no dudamos de que la noción popular, de que hay que proteger la naciente y que el agua brotará por los siglos de los siglos, es la lógica que ha reinado desde la administración municipal.

El agua sale de la naciente tras un largo proceso de filtración que no se produce horas después del aguacero. Lo que tenemos que entender es que por más lluvia que caiga, si no hay cobertura vegetal, el agua llovida se va en escorrentía; baja por la montaña y llega a las quebradas sin participar del necesario proceso de filtración.

¿Ha identificado la Municipalidad las zonas de recarga acuífera? Si lo ha hecho, ¿ha planificado acciones para favorecer la protección de dichas zonas y con ello asegurar a mediano y largo plazo el abstecimiento de los tanques de captación? De lo primero es probable que sí, especialmente a través de datos que arrojen los estudios del Plan Regulador, de lo segundo casi apostaría a que no.

¿Soluciones?

Creemos necesario inicialmente fortalecer el Departamento de Gestión Ambiental. Y con ello no solo dotarlo de mayor contenido económico, sino contratar más personal y planificar a la luz de los estudios hidrogeológicos, campañas de protección de las zonas de recarga acuífera. Solo así se puede asegurar que siga brotando agua en esas nacientes. Vinculado a ello, es necesario que el tema del Acueducto sea consorte de dicho Departamento. Ya va siendo buena hora de que la gestión ambiental deje de ser vista como una oficina secundaria del ayuntamiento, sino más bien darle el verdadero rango e importancia que merece.

Por otro lado, la Municipalidad debe invertir en personal mejor capacitado en el tema del Acueducto. Confiamos de que esta desagradable experiencia haga ver a la administración municipal de que se requiere de expertos que manejen el acueducto con mejor previsión y planificación, pero sobre todo que sepa técnicamente qué está pasando y qué se está haciendo.

Para ambas propuestas, concordamos en que el servicio de agua potable debe ser mejor pagado por todos los usuarios. Eso sí, con las medidas formales de audiencia pública y las vías de divulgación y diálogo idóneas para definir la nueva tarifa. El agua es muy valiosa y para llevarla hasta casa hay que pagar justamente por ese vital servicio.

El alcalde menciona como solución la compra de fincas con la idea de aprovechar sus nacientes y construir tanques que capten mucha más cantidad de agua. Esto, probablemente significará una inversión enorme y no resolverá el problema de raíz mientras las zonas de recarga siguen desprotegidas. ¿Para qué grandes tanques que estarán vacíos en algunos años? Creemos que conviene mejor en invertir en la producción del agua, antes que aventurarse a pagar mucho dinero en soluciones provisionales e insostenibles.

El agua es un líquido imprescindible y así lo entendemos todos -especialmente notable cuando hay racionamientos-, pero hemos caído en la noción popular de que nunca se va a a acabar mientras se mantenga la lluvia. Incluso teniendo de vecino al Parque del Agua, sin saber cuánto extraemos de allí, cuánto tomamos, ni cuánto necesitamos, estamos simplemente poniendo en riesgo nuestra propia posibilidad de tener agua de calidad para el abastecimiento de Ciudad Quesada.

La Municipalidad requiere comunicar mejor las dificultades que enfrenta y reconocer su parte de responsabilidad, así como los usuarios también debemos hacer un mejor uso del recurso. Pero acá lo primordial es cuidar la fábrica del agua, y que para ello se empieza por proteger las zonas de recarga acuífera. Sin esta tarea en desarrollo, estamos listos, por más fincas que compremos y por más tanques que construyamos.

Recomendamos leer Conceptos hidrológicos básicos (PDF 4MB) y pensar en la realidad de nuestro acueducto.