Cada nuevo trazo era vacilante. Las palabras brotaban menos fluídas; unas letras atropellaban el espacio de otras y formaban garabatos, más que contornos legibles. La punta del lapicero incidía con mayor ángulo sobre el papel, y la tinta discurría cual agua en colina tras el aguacero. La inspiración y las ideas estaban casi bloqueadas. Se…


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