Llegué a mi casa y no había nadie. Las tripas hacían tanta bulla como los trailers cuando usan el molesto (y prescindible) freno de motor. No esperé mucho para dirigirme hacia la cocina a ver qué olla tenía que raspar. Como por inercia, abrí la refri vi un salchichón y unos frijoles calidá. No encontré…